Expolio Intelectual, Devolución'Monday 10th of January 2005 10:22:26 AM'

22.11.04
Stefan Zweig en su obra postuma, “El mundo de ayer. Memorias de un europeo” Traducción de J. Fontcuberta y A.Orzeszek, 536 Pag. Editorial El Acantilado, sexta reimpresión de abril de 2.003 ISBN 84-95359-49-9, capitulo LA ESCUELA DEL SIGLO PASADO, en sus páginas 61-66, describe cómo su pasión juvenil por conocer, su amor por la cultura les lleva a liderar la vanguardia del conocimiento aún antes que sus profesores, progenitores e incluso los mercaderes de la cultura. Es muy interesante comprobar con sorpresa relativa cómo apuraban sus horas en encontrar, disfrutar y compartir el último poema de Hofmannsthal, Rilke o la filosofía de Kierkegaard. Intercambiaban sus libros, arrasaban las bibliotecas y en los cafés, centros neurálgicos del saber, ejercían de feroces críticos y engullidores de riquezas intelectuales. Mientras tanto, la sociedad acomodada y serena, se dejaba llevar dormida en sus laureles… tan frágiles… hasta el punto de ser arrasada por dos guerras mundiales y apenas si darse cuenta.

No se me permite reproducir las claras y emocionadas palabras de este hombre que no supo digerir tanta muerte y tanta falta de libertad. La caída de su mundo cultural le llevó al suicidio junto con su mujer, en Brasil, Petrópolis, a los sesenta y un años de edad. No puedo transcribiros lo que dice, paradójicamente, aunque su testamento vivo proclamaba la libertad y su mente despierta creció entre intercambios de las poesías, narraciones y pensamientos más elevados que pudo contener un periodo tan negro, demoledor y miserable como el siglo XX y sus nacionalismos, sus ridículos líderes embebidos en sangre y sus millones de cadáveres.

Nosotros somos testigos de un AVANCE similar, empujamos la cultura como agua que cae entre las rocas más firmes, más apretadas a la corteza de la tierra y aún así, consigue filtrarse y derramar su frescor. Nuestro café vienés ahora se llama Internet. Cuidadlo mucho, amigos, que no queda otra herramienta más libre que un arácnido llamado Libertad cuya red alcanza los confines del planeta y sus hilos son tus dedos pegados a un teclado y, su fuerza, es tu mente.

Pasiones, disfunciones o cuentos

20.11.04
Quería mirar tus ojos de limpio cielo y arrasarte con
Mí Te quiero Mejor:

Le obligo y le fuerzo, me invento las palabras.
No hay símiles, metáforas,
No hay yedras ni árboles, tambores ni batallas;
No hay brisa en la montaña.

Ausencia de inspiración con mi Te quiero Mejor.

Mil veces me pregunto ¿por qué no sale nada?
Mi alma está vacía, seca, desesperada.
Eres mi amor inmenso, mi noche y mi mañana
Y al pronunciar tu nombre, ¿mi espíritu se apaga?

Son toda mi energía, mi sangre y mis agallas
Que se quedan desnudas si un Te Quiero se escapa
Pues tanto es lo que te amo que se me parte el alma
Y con toda su fuerza, se va por la garganta.

Pasiones, disfunciones o cuentos

Nos juntábamos en el escalón de la puerta que daba al patio del recreo y bien pegaditos, urdíamos un entramado de frases que nos hacían estallar en carcajadas. Sentados en los pupitres, sujetando los mofletes para no dejar escapar ni un resoplido,las orejas granas delataban otras ristras de risas que aguantábamos sudorosos.

Éramos una panda: Javi, Sergio, Elboni, Jésus, Jorge, Olga, Mamen, Marijose, Edu, Maribel, Elisa, Félix, Víctor, una unión indisoluble que se enfrentó tempranamente con profesores y maestras déspotas o ridículos como “el bigotón” o “la luchi”. El parquet del gimnasio recordará sin dudas cómo defendíamos a las indefendibles pelotas de la clase de las injusticias a que las sometía el seboso profesor de gimnasia.

_¡Qué saltes te digo!- y Paloma se clavaba el potro entre pecho y espalda con la cara chorreando lágrimas y vergüenza. Pocas veces más repetía la estúpida órden el estúpido maestro. Porque yo saltaba indignada y mis amigos plantaban el paso justo detrás mío con las mismas acusaciones. Se me hincha el pecho de orgullo al recordarlo.

Éramos muy pequeños! Segundo, tercero, cuarto, quinto de E.G.B., fueron mi paraíso de libertades, amistades y solidaridad.

No hablo de una banda de superhéroes, pero sí recuerdo aventuras llenas de valor y con un propósito transparente, que nadie nos dividiera, ni nos hiciese la puñeta.

No sabíamos lo que eran las peleas ni se conocían por aquel entonces los terrores de patio, los linchamientos infantiles. Alguna bronca tuvimos seguro, las chupaculos con las más rebeldillas, los bravucones con los graciosillos de la clase, pero no llegamos a mayores. Jamás. Eso sí, como se pusiera un borrador de examen a güebo… la nota media de la evaluación era de ochos pa’rriba. Y no para unos pocos, sino de toda la clase… ja, ja, ja, qué gente. Una vez nos suspendieron a todos, debida la solidaridad inocente con la que repartimos las preguntas del examen. Y aunque parezca extraño, en el grupo había de todo: el empollón, el gafotas, el gordo, el bocas, el guapo, el chulo, la tiabuena, la colgá (esa era yo), la superlista, la más inocente que Heidi… de lo mas ecléctico… ah, y la fumona, mi querida Marijose, lo que fumaba la jodía, tenía la misma voz que Umbral pero con diez años.

Cuando regañaban a uno, salíamos todos en fila a juntar hombros con brazos y ojos con ceños fruncidos para dejar claro que nadie estaba solo. No sé de dónde sacamos esa fuerza, ni qué ha sido de ella ahora que todos andamos deslavazados y perdidos. Sólo sé que no pasa un día en que no recuerde aquellos niños valientes y llenos de risas. Sobre todo de Risas. Pero, meados, si teníamos que bailar para la fiesta de fin de curso.

Kumbo kum-boooo la-lá, kum-bó, kum-bó, la-í!… Todavía funciona, si me concentro, los veo ensayando con ahínco, vergüenza por estar tan pegados los chicos con las chicas y el cosquilleo de un juego que no terminaba de despertar.

Todavía amo a quién amé de niña. Me preguntaban llanamente y yo respondía con claridad meridiana:

_Quiero a Jésus. Así, con el acento en la É. Y los mayores se miraban azorados ante tanta naturalidad. Pero es que lo amaba. Con una pureza que no llego a descifrar. Simple. Sin cuestiones. Ni era el guapo, ni el más listo, ni el más simpático. Era único. Era Jésus y él recuerda seguro lo mismo que yo. Sin un beso, ni una mano cogida a la mía, sin una declaración de intenciones, sólo AMOR, del grande, del que se va y no vuelve nunca. Mi salvador, ese sí que fue mi héroe. Años después charlábamos del día en que un coche de polis nos quiso “dar un paseo” para enseñarnos la “sirena”. Jésus, el tímido, el buen alumno, el callado, me lanzó un “corre, vete a casa, YA!”, y en dirección contraria corrió él. Así corrieron nuestras vidas, en dirección contraria, y así debe ser porque es la única manera de que el amor puro de la infancia permanezca intacto, como lo están mis santos recuerdos, mis risas, mis orgullos, mis valentías, mis AMIGOS.

Por eso, cuando estallan las carcajadas desde mi garganta hasta el techo del salón y saltan como cabras por las ventanas, hay una niña bien despierta dentro de mí que es la que se ríe. Y con ella los diez años mejores de mi vida, los primeros.

Peter Pan nunca se fue de mi habitación.

Pasiones, disfunciones o cuentos

16 de Noviembre de 2.004

Hay días, en los que me siento a escribir, aún estando vacía por dentro. No sé qué decirle a mi mano para que no se limite a garabatear sobre las cuadrículas de la hoja. Me abruma la idea de ESCRIBIR. Me acompleja. He crecido rodeada de libros cuyos autores me mostraron la inmensidad de su genio.

Ahora, me pides tú que escriba:
_¿Con qué valor?

Cervantes, Stephan Zweig, Quevedo, Víctor Hugo, Oscar Wilde, Shakespeare, Dostoyevski, Lorca, Marguerite Yourcenar, Tirso de Molina, Tolkien, Calderón, Edgar Allan Poe, Dickens, Machado, Tolstoi, Blasco Ibáñez, Ana María Matute, Isabel Allende, Saramago, José Luis San Pedro…

Grandes amigos que disipan las nieblas de profunda soledad que me envuelven. Acortan las horas aumentando su intensidad. Cómo atreverme a seguir sus pasos. Por eso, escondo los cientos de cuartillas que relleno incansable desde la infancia. Nunca satisfago mi supuesta capacidad: Más vocabulario, más experiencia, ¡MÁS TALENTO! No llegan nunca.

¿Se habrán sentido estas grandes figuras inmersas, como yo, en un transcurrir somnoliento y rutinario? ¿Cómo una mente febril que alumbra inmortalidad con cada pensamiento suyo, va a saber lo que es el hastío? ¿Para qué hablar de Amor, Libertad o Traiciones, si ya lo hicieron Petrarca, Calderón y Shakespeare? ¿Quiero intentar, de antemano sabido, la mediocridad?

Parece ser que en ello estoy. No pararé hasta comprobarlo. No dormiré, ni comeré, pasaré el resto de mi vida buscando, buscando, el cuento…

Érase una vez un cuento que no quería aparecer. Debía ser una historia preciosa pero, como nadie había podido contarla pues, ahí estaba, en el Limbo de los Cuentos, como quien presiente que es mejor quedarse donde uno está.

Había una mente acogedora y ansiosa por expresarse que rondaba a ese cuento tímido ilusionada con vestirlo engalanado de palabras, para alardear en la fiesta de la comunicación. A veces, se quedaba muy silenciosa, pensando, pensando, por si en una de sus huecas ideas se colaba ese cuento y le daba vida.

También le tiraba de la lengua con sugerencias como ésta:
-¿No serás un cuento de hadas?

O ésta:
-A lo mejor, ¿eres leyenda de guerreros y batallas?

O incluso esta otra:
-Tú no me engañas, ¡Eres historia de los tiempos sin nombre!

Y, ya, por fin, le suplicaba melosa:

-?Por favor, seamos compa?eros! Cuéntame, cuento hermoso, que yo daré forma a tu esencia y vivirás por siempre jamás en la memoria de los hombres!
?Por qué será tan huidizo este cuento mío, si no vivo más que para él? ?Si su destello es mi luz y su nacimiento mi energía!

Esta mente iba a terminar desquiciada de esperar que su cuento amigo se dignase a hablarle. Ya no sabía que hacer así que, resignada, se limito a observarlo. Allí estaba el cuento: callado. Si hubiera tenido ojos (que sepamos los cuentos tienen hojas no ojos pero, cualquiera sabe) habrían sido grises y muy grandes. Puede que, llenos de tristeza, o más bien de sabiduría.

Quedamos en que el cuento callado, la miraba con fijeza. Y ella le miraba a él. ¿Podrán una mente y su cuento enamorarse? No vale de nada conjeturar. Es necesario continuar curioseando para saber.

Él desaparecía largas temporadas sin que la mente pudiera retenerlo. Ella se dedicaba entonces a cosas triviales pero, en su interior, sabía que el sentido de su existencia consistía en desvelar el misterio de este cuento nonato. Pasaban los años y la mente se desgastaba en intentos. Olvidaba otros quehaceres rutinarios, provocando malestar y confusión en su entorno y, en su fuero interno, también.

Sin embargo, no había un ápice de maldad ni travesura en la esquiva actitud del cuento. De justos es dejarlo claro. Sólo que, abrumado por las magníficas historias que pululaban por ahí dándose la importancia que realmente tenían, no se atrevía a mostrar su alma sencilla. Se creía pobre de léxico y contenido. (Pero esto lo sé, porque narrando la historia se entera una de muchas cosas que él no hubiera confesado).

Infeliz cuento humilde que jamás revelaría su secreto.

En fin, viendo que vuestros ojos se cierran y las bocas se os abren abreviaré el desenlace:

Un día de esos que siempre llegan …tarde o temprano, la mente se había acostumbrado a la presencia de su eterno amigo. Ya no le pedía ni ansiaba poseer su alma. Sólo admiraba a ese cuento silencioso y testarudo, como quien admira un cofre sin saber qué guarda en su interior.

Así que, con un suspiro desgarrador de tristeza inconmensurable (los cuentos son un poco dramáticos, a veces) y, para tremenda sorpresa de nuestra mente, el cuento habló:

-Tu arrebato y tu pasión me fundieron. Tu fuego me dio forma, y a tu lado, cobraba vida sin tú siquiera sospecharlo. No podía expresarme porque era incompleto. Me has enriquecido con tu dedicación plena y tus cuidados. Cada vez que olvidabas el reloj o la sal del guiso, una nueva frase despertaba en el lienzo de mi existencia. Me has entregado tus infantiles juegos y tus sueños maduros. Ahora, estoy preparado para ti. Mis trajes son telas de paciencia y tolerancia, bordados con tu resignación y tu complicidad.Ya estoy dispuesto a que tus labios me pronuncien por doquier y perecer relegado a los brazos de la burla y el olvido. O zarandear mis renglones de tertulia en café y de feria en biblioteca, por los siglos de los siglos. Haz de mi lo que quieras. Si me cuentas, ya no soy yo sino parte de ti. Adiós, mi mente amada. En tus manos estoy.

Un silencio envolvente se esparció sinuoso y eterno.

Pero, en realidad, la mente tardó unos minutos en reaccionar. Sólo unos minutos.

¡Era un cuento magnífico! ¡Cómo lo quería!

Ya os digo que no tardó más que minutos en escribirlo. Sin perder ni una letra corrió a divulgarlo.

A los cuatro vientos.

No le importó mucho la fama o el reconocimiento, porque ya nadie volvería a pensar en él. Ya estaba impreso. Sólo se hablaba de ella. Mente vanidosa y terrible que sacrificó a su amada inspiración a cambio de la inmortalidad de su propio recuerdo.

Ahora, está publicado; no hay librería que no lo tenga en sus estantes, ni crítico que no hable de la maestría con que fue escrito. Ya no está allí nuestro amigo sino los ricos vestidos que la escritora ambiciosa le puso para darlo a conocer. Nadie lee un cuento dulce y sincero sino un talento de prestado que se deja fotografiar.

¡Adiós inocencia y entrega! ¡Adiós infancia y amistad! ¡Adiós amor amargo y terrible, vampiro que me ha robado la sustancia de que me nutría: la confianza!

Su alma libre vuela decepcionada, pero su Historia quedó para siempre grabada en la memoria de los hombres…